Una reflexión sobre el futuro de las personas y de los robots

Cuando mis hijos de 11 y 13 años me preguntan a qué me dedico les digo:

  • Vendo robots de software a las empresas. Y como ellos ya tienen edad para ser conscientes de posibles implicaciones me dicen:
  • Ah, entonces ¿cuándo la empresa compra tus robots echan a la gente?

Mi respuesta es que sí y que no. Como fui consultor durante muchos años me refugio en la palabra mágica: “depende”.

La preocupación de mis hijos es la reacción natural cuando hoy en día hablamos de robots. Pero si seguimos las publicaciones y comentarios en las redes sociales, revistas e incluso las noticias se puede llegar a pensar que realmente existe un conflicto que está a punto de hacerse realidad.

Repasando algunos títulos de la prensa española de los últimos 12 meses podemos darnos cuenta de ello:

  • ¿Acabarán los robots con nuestros puestos de trabajo?
  • ¿Nos quitarán los robots el trabajo en 2025?
  • ¿Nos robarán el trabajo los robots?

Lo que la mayoría de las publicaciones tienen en común son los signos de interrogación en sus títulos. Todas ellas intentan hacer una previsión de futuro, pero ninguna puede exclamar con certeza. Para prever el futuro merece la pena analizar tendencias similares del pasado. En la revolución industrial, el herrero que después del invento de los coches se dedicó a ser mecánico, la costurera que con la llegada de la máquina de coser cambio su profesión a ser mecanógrafa o el marinero que cambió su puesto de trabajo del velero al barco de vapor.

La estructura de las profesiones cambiaba y permitía a los trabajadores dejar los trabajos monótonos, peligrosos y sucios (dull, dangerous, dirty – “DDD” por sus siglas en inglés). Tenían que aprender nuevas técnicas y manejar la nueva tecnología. Consiguieron crear una economía más amplia, prospera y diversa. Posiblemente podemos suponer la misma o parecida evolución con la llegada de los robots.

¿De qué hablamos realmente cuando hablamos de robots?. Wikipedia dice que un robot es “una entidad virtual o mecánica artificial”. Podemos diferenciar entre robots físicos, por un lado, como los que vemos en la fabricación de automóviles o incluso los aspiradores automáticos que van solos por la casa y los robots de software, también llamados bots, que ejecutan tareas informáticas de forma autónoma y que se emplean cada vez más para automatizar tareas administrativas repetitivas.

¿Realmente es algo muy novedoso?. Cuando se inventó la lavadora se podría llamar “robot de lavar”. Al final no hace nada diferente que un robot: seguir una serie de pasos pre-programados y así quitar al humano otro trabajo sucio más (“Dirty”). Cuando se inventó el primer programa de hojas de cálculo pasó lo mismo: entre otros se automatizó la tarea de sumar, restar, dividir, multiplicar de largas columnas de números. Y de paso quitó al humano otro trabajo aburrido más (“Dull”).

En su momento, nadie propuso hacerles pagar impuestos a las lavadoras o a los programas de hojas de cálculo en su día, al contrario, con algunas opiniones actuales, entre ellos el mismo Bill Gates, que proponen que los robots deben tributar para subvencionar otros puestos de trabajo.

Cualquier avance tecnológico tiene repercusión sobre nuestra vida laboral. Los títulos de la prensa española podrían haber sido idénticos al final del siglo XIX remplazando el término “robot” por “máquina de vapor” o por “electricidad”.

Entonces ¿el uso de robots tiene otra dimensión de cambio en nuestras vidas que la que tuvieron en su día las lavadoras o las hojas de cálculo? Casi seguro que sí, ya que se puede usar el término robot para cualquier automatización en nuestro entorno así que, por lógica, las implicaciones deberían ser mayores.

¿Y cómo cambiaremos nosotros con tanta automatización?; ¿A qué nos vamos a dedicar?.

Es una pregunta difícil contestar en este momento. Como pasó a finales del siglo XIX nadie podía prever las profesiones que se desarrollarían durante la revolución industrial. Hoy podemos estar seguros que muchas profesiones van a desaparecer. Se irán los carteros, camioneros, mecanógrafos y muchos más y no sabemos quiénes vendrán. Hace 10 años no existían profesiones como programador de Apps, diseñador de experiencias de usuarios o analista de Big Data.

 

 

El periódico El Mundo se atreve hacer una previsión al año 2033 basándose en varias fuentes diferentes:

 

La población activa se incrementa más en la gestión de recursos, hostelería, ocio y por supuesto en el área de las tecnologías. Parece un mundo bonito. Cada vez menos trabajos “DDD” y cada vez más profesiones que se dedican a entretener el resto de la población. Así dicho si suena ciencia ficción. El gran reto será la creación de nuevos puestos y contenidos de trabajo además de ejecutar la necesaria formación (transformación) de las personas cuyos puestos de trabajo han sido reemplazados por la tecnología. Tendrán que ser más tecnólogos, más móviles, trabajar de forma independiente, pero a la vez hay una perspectiva de conseguir un mejor balance entre trabajo y vida personal simplemente por la mayor cantidad de teletrabajo y flexibilidad en el horario laboral.

Para terminar esta reflexión sobre la convivencia de las personas y los robots, Warren Bennis (profesor distinguido de la Universidad del Sur de California y asesor de distintos presidentes de los EEUU) especificó: “En la fábrica del futuro habrá solo dos empleados:  un hombre y un perro. El hombre para dar de comer al perro. Y el perro para vigilar que el hombre no toque los equipos”. Puede parecer algo exagerado, aunque en partes de la industria se puede llegar muy cerca de este extremo.

Como de momento explicar todo esto a mis hijos sería excesivo…se dormirían en el intento. Les dejo como respuesta con: depende.

Ustedes sí que pueden reflexionar sobre ello.

Tim Riewe

Robotics & IT Advisor